Sunday, June 20, 2004

LAS MALAS PALABRAS



Contrariamente a lo que ocurre en el diván del analista el empleo de las malas palabras - si las hay- conlleva a prejuzgar mala educación. Cuando queremos agraviar a alguien lo primero que usamos son esos calificativos. Y aun sin tener ese objetivo, muchos sujetos lo utilizan como parte habitual de su lenguaje cotidiano.
Pero sucede que esos mismos individuos se desgarran las vestiduras si lo escuchan en boca de peonajes públicos a quien solo conocen a través de la imagen que les han vendido.
Mantener cierta postura con las pautas que señalan las buenas costumbres de acuerdo a cada cultura es muy frecuente.
La poca costumbre de asistir a debates parlamentarios hace presumir que la dialéctica empleada es de lo mas cordial y formal. Pero si se hojeara el Diario de Sesiones mas de uno quedaría boquiabierto por los epítetos encontrados. Influye también en esta fantasía la poca naturalidad empleada cuando las mismas son trasmitidas públicamente.
Pero lo importante de estas frases es justamente no quedarse en ellas. No quedarse en lo anecdótico.
Recordemos que el pudor es una traba para lograr la influencia de las masas. El líder debe mostrar que es capaz de agredir sin temor a la devolución de su adversario. Y nos guste o no se convierte en portavoz de sus escuchas. Dice públicamente lo que el otro se dice a si mismo o ante un grupo reducido.
El problema de esto no es la expresión en si, son el sentido implícito que contienen. El mensaje que se envía.
Este tipo de actitud hace resurgir el resentimiento, la bronca y la discriminación entre buenos y malos que estaba latente y que tanto esfuerzo nos esta costando enterrar.
Evoquemos que por muchos menos, en otro momento de nuestra historia, lo menos que podía ocurrir era un toque de tortura.
Pero la democracia da para todo y por eso se abusa a veces del derecho de libre expresión.
Nuestro periodismo lamentablemente tampoco ayuda al vecino corriente a leer entre líneas y solo se ocupa de esa fracción del acontecimiento. Pero si tal situación nos llamo la atención ¿qué significa? ¿Qué nos sugiere? ¿a dónde nos quiere conducir?.Por el contrario se queda en lo obvio.
Las palabras conducen a imágenes, si estas son agresoras seguramente tienden a descalificar. Pero porque en lugar de sintetizar en algo tan generalizado como esas expresiones burdas y toscas no se utilizan argumentos veraces. Puede ocurrir dos cosas o bien que los mismos no excitan o que también se descalifique y subestime al oído del escucha.
En el ámbito político es dable ver que agresor y agredido luego de atemperados los ánimos ambos compartan una mesa. Pero la poca practica del sistema democrático hace que todavía nuestro pueblo no lo acepte, ni lo comprenda totalmente, y la agresión que emerge de labios de un opositor resuena como herida personal y convierta el ritmo cotidiano en batalla campal solapada.
No nos olvidemos la división de la familia argentina en otras épocas producto de esos mensajes inocentes y graciosos pero lleno de intencionalidad.
Compañero, correligionario, amigo, confrontemos pero dejemos de lado la agresión que solo guarda como devolución más agresión.

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