Sunday, June 20, 2004

UNA SOLA OPCION



Según los códigos de buenas costumbres la adicción en tanto y cuanto este socialmente permitida, no es tal.
Ocurre que solo tomamos como adicto a aquel individuo que consume marihuana, coca, etc.
¿Pero que pasa con aquel que consume alcohol o tabaco? Generalmente no se lo tiene en cuenta, salvo que su consumo sea muy llamativo .Menos aun se lo censura.
La evasión que busca en el alcohol o en el tabaco no es tenida presente, por que de tanto verlo, lo planteamos como algo obvio y no lo cuestionamos. Nuestra cotidianeidad nos hace tomar como algo natural una actitud que no lo es.
Los mimos mecanismos que pone en practica un drogodependiente ante la falta de su producto los evidencia un alcohólico o un fumador ¿O acaso nadie vio alguna vez, salir de al casa a un sujeto presuroso de madrugada en busca de un kiosco o un bar abierto? ¿O ser testigo en alguna ocasión del pago mensual por el gasto efectuado? Cuenta corriente que difícilmente posea en un almacén o una verdulería.
Fumar o beber lleva implícito el mismo estado de excitación y de ansiedad, que solo se calma momentáneamente cuando la dosis entra el cuerpo. Y hablo de dosis por que cada uno tiene asignada una determinada cantidad. Pregunten sino ¿cuánto fumas? Y escucharan sin vacilar la respuesta: un atado, dos, tres.
A veces he escuchado: "no vas a comparar a un fumador con un borracho por la calle".Por supuesto que no, el efecto visual es distinto, pero la motivación que provoca su consumo es la misma, ansiedad, angustia, soledad.
Al igual que el obeso que consume todo lo que esta a su alrededor, el alcohólico bebe lo que venga y el fumador fuma todo lo que encuentra aunque sus predilecciones lleven una marca u otra. Llegado el momento cualquier marca es buena.(a falta de pan...), y ocurre que después hasta un pucho recogido en la vereda es aceptable.
Imponer su prohibición por decreto es imposible. Pero educar a la población del por que, del como o del cuando se produce la adicción para que esta puede ser evitada, es una vía.
Pero ocurre que por el contrario sus consumos son promovidos desde la publicidad como vehículos de conquista de situaciones ideales, que lógicamente el individuo lejos esta de lograr por esos medios, pero que ante su necesidad de evasión de la realidad que lo agobia, acepta la propuesta y prueba tal o cual marca, a ver si se produce el milagro prometido. Tal cual le ofrecería el consumo de un porro. Las épocas de crisis acrecientan su consumo incrementando las arcas de sus productores y ayudando al consumidor a elaborar mejor su infarto o su edema de pulmón o su ataque de presión, que se hubieran producido igual sin esa ayuda, por el estado de ansiedad en que se encuentra el sujeto.
Atolondrar la conciencia con humo o con alcohol, evita poder darse cuenta y no vislumbrar vías de salida al conflicto que lo aqueja.
Esperar que la sociedad nos rescate de estos flagelos es muy difícil, el mercado de consumo nunca lo permitirá. Nos queda una solo opción: nuestra propia decisión.

· Adicciones socialmente permitidas

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