Sunday, June 20, 2004

OPERACIÓN INCONTINENCIA MEDICA

Señora: lo siento. Hizo un coma sorpresivo y.......No se preocupe, veremos que podemos hacer................
Cuantos casos escuchamos últimamente que por un leve error se sobrepaso la dosis de anestesia y se confino al paciente y su grupo familiar a un eterno infierno.
Circunstanciales ruptura de lo cotidiano como puede ser una operación de apéndice, oídos, nariz, parto, etc. pueden trasformarse en una nueva cotidianeidad del sujeto sin haber puesto nada de su parte en ello.
Una intervención rutinaria, rápida para el profesional, aunque única para el paciente se pueda tornar en un segundo en el más trágico de los acontecimientos.
No me refiero a accidentes como vulgarmente se lo denomina, porque el accidente de alguna manera es buscado por el protagonista. No tiene accidentes quien quiere, sino quien puede.
Por supuesto esos serian casos limites, pero la realidad es que también existen estos, que no son casuales, son producto de un proceso que pasa inadvertido, acumulación de hechos rutinarios en determinado momento producen el desborde y sus consecuencias.
Lo rutinario se trasforma en mecánico y de esa robotización no escapa ni aun el menos estructurado. Ese individuo que circunstancialmente tiene en sus manos la vida de su semejante, ¿Esta siempre en optimas condiciones síquicas de asumir su rol? Y me refiero a lo psíquico puesto que es lo que no se ve, aunque se percibe. Lo orgánico es obvio.
Controlar entonces periódicamente el estado psíquico del cuerpo medico, para salvaguardar el posterior reestablecimiento del enfermo, seria una buena medida preventiva.
El haber elegido la atención de la salud como medio de vida, no implica estar permanentemente entero.
Se percibe la falta de continencia previa a las intervenciones.
El traslado en camilla se transforma en una carrera por los corredores, o por jardines a la intemperie; y no le sumemos un dia inclemente donde el paraguas también es protagonista.
No me refiero a urgencias donde podría justificarse, sino a intervenciones programadas con antelación, donde la charla previa con el paciente no incide en el riesgo por la demora, pero si en la disminución de sus ansiedades y por consecuencia mejor predisposición a los momentos próximos. ¿y sino preguntémosle a quien tuvo esa continencia previa? ¿Varia la situación si es adulto o no? ¡Claro que si!
Si el adulto se siente desamparado ante todos los preparativos previos, que aunque sepa que son para su beneficio los siente como agresión, invaginemos por un instante como se sentirá un niño que no puede comprender el momento? con que instrumentos resolverá situaciones similares a lo largo de sus vida si la primera es nefata? Las situaciones no son mejores ni peores son distintas, pero todas deben estar enmarcadas dentro de la continencia, y en este caso mas aun.
Permitir la presencia de la madre hasta el momento del letargo profundo, aunque el lugar no sea exclusivo para niños, es el mejor ansiolítico infantil.
Simultáneamente, al reintegro a su habitación se produce un tumulto de requerimientos de pagos, firmas, etc. Y no en otro momento, sino en ese donde el familiar requerido es el mas cercano y no ha podido tomar distancia aun suficiente. Por lo tanto firma o paga sin saber de que se trata o sin cuestionar aunque no este de acuerdo.
El personal que se acerca esta autorizado parta hacerlo, y quien autoriza sabe cual es la actitud sicológica mas adecuada a emplear. Y no cabe duda que es esa. Que le importa a un flamante papa lo que firma, aunque su obra social le haya cubierto todo firma o paga, con tal de sacarse ese molesto personaje de encima y poder disfrutar de su bebe y su mama.
Que le importa a ese sujeto que espero angustiado en una sala de espera interminables horas, o minutos, firmar o pagar, si todo lo que quiere es estar observando la evolución postoperatoria de su familiar.
Ya se que el lector dirá que no todo es así, ya se que hay buenos y malos en todos los lugares, pero lamentablemente yo estoy sangrando por la herida. Hago mal en volcar una vivencia personal en un artículo, pero después de todo, todos mis trabajos reflejan mi historia. En este caso quise aclararlo por que me remití a parcializar específicamente dos situaciones vividas y me resonaba incompleto.
Hay mucho para hablar sobre el tema. Seguramente en otra oportunidad comentaremos sobre ello. Pero esto se lo debía a mi hijo Fabián Andrés.


· Operación de quiste interno en cuello de mi hijo.

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