DEL PRIMARIO AL SECUNDARIO ¡QUE PASAJE!
Siete años de espera para convertirse en el mayor, y de pronto nuevamente ser el mas pequeño. Haber transitado todo un proceso. Culminar un ciclo, para volver a empezar.
Desasosiego, falta de seguridad, sentir que el piso se mueve y que el lugar logrado ya no sirve. Hay que comenzar a buscar otro y eso es tan difícil...
Nostalgia por lo perdido e incertidumbre por lo que vendrá.
Toda esta constelación de sensaciones y aún más, son vivenciadas todos los veranos, por esos chicos que en tres meses de vacaciones deben transitar el puente desde el primario al secundario.
El niño que saltando y jugando había corrido por los patios de la escuela, ahora debe caminar y dialogar con su interlocutor de turno.
Debe reemplazar la pesada mochila, por la carpeta y solitaria lapicera.
Cambiar cuatro maestras por mas de una docena de profesores que se alternan y se mezclan ante sus ojos. Reemplazar el sonido del calido nombre por el áspero señor o el usted que marca la distancia entre el docente y él. Sumado a la avanzada edad de algunos profesores que hacen mas difícil la vinculación por un simple problema generacional.
Ese mundo compartido durante cinco horas diarias, ya no es solo patrimonio de chicos, ahora también se incluyen hombres y mujeres (próximo a egresar)que alguna vez fueron ellos, pero ya no lo recuerdan y esto hace que a veces sean presa de grotescas burlas de su parte.
Este cambio que hoy experimenta no fue casual, es producto de todo un proceso por el cual transito, pero por supuesto él no se da cuenta.
Tampoco sus padres lo pueden ver, se resisten y surgen las polémicas entre dos generaciones aunque estas no sean muy distantes. Es que, aceptar que el hijo creció implica aceptar que también uno tiene mas edad, y eso a veces molesta. Cuesta comprender que ya no se es tan joven, que ahora los que van camino a ser jóvenes son sus hijos. El cambio cuesta , entender nuevos códigos, nuevas formulas para comunicarse, implica aceptar algo nuevo y desconocido. Admitir que el hijo no comparta lo que a uno le gusta es muy difícil. Reconocer que el niño del primario ya empieza a ser un jovencito que lucha por su identidad, por su lugar, que teme masificarse con los adultos y por eso se discrimina y busca a sus pares, hasta tanto llegue el encuentro consigo mismo, no es tarea fácil. Pasaran algunos años antes que vuelva a integrarse al grupo familiar, como uno más, pero diferente al resto.
Que importante seria que previo a ese paso, tuviera la continencia de gabinetes psicopedagógicos y de orientación vocacional, que lo ayudaran a elegir, a discernir si el ciclo secundario que elige realmente es el que él deseaba, o el que deseaban sus padres, quienes a través de meta mensajes o doble mensajes, orientaron a ese niño a elegir algo que simplemente es el producto de la vocación frustrada de su progenitores o abuelos, pero no la suya real. No son pocos los ejemplos cotidianos de médicos, arquitectos ,etc. que se dedican a otra tareas completamente distante con sus profesiones.
Instrucción adecuada hacia los docentes, para poder concretar su tarea con mas placer y por medio de una constante retroalimentación hacer mas llevadero los encuentros con los alumnos y su materia dejando de lado esa típica actitud de vomitar datos a sus discípulos, sin preguntarles si les interesa al igual que a ellos la asignatura.
Esto conllevaría a evitar las rateadas, las llegadas tarde, o simplemente la aparente presencia física pero no mental en el aula.
Desvirtuaría aquel mito de "estudiar los primeros meses", como algo preestablecido que "una vez que te hiciste fama, podes dormir en los laureles", negando lo interesante que puede tener una materia en cualquier momento de su desarrollo.
Aportes para los padres, desde esos mismos centros, para asumir los cambios que inevitablemente se producirán en el grupo familiar y que no pueden ser tomados como naturales.
Desarraigar frases rituales como "ya van a ver cuando llegues al secundario, se te va a acabar la farra", como llegar al segundo ciclo de enseñanza fuera un castigo y no un progreso. Porque hilando mas fino, si este es el castigo, el premio seria no cursarlo; y valla a saber uno si este mensaje no funciona como facilitador en mas de un desertor.
Concienticemos de una buena vez, que transitar los claustros secundarios, debe ser fomentado desde los adultos, como la etapa mas placentera. Donde innegablemente habrá logros y frustraciones, pero por sobre todo debe haber gozo.
HASTA MEDIADOS DE LOS 90 EN ARGENTINA SE CONCURRIA A LA ESCUELA 7 AÑOS AL PRIMER NIVEL OBLIGATORIO Y 5 AL SEGUNDO OPTATIVO....LUEGO ESO SE MODIFICO.
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